miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ganar perdiendo: a 36 años del golpe de Estado en Chile.



“Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.
Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen... ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos (…) Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!”




Ultimas palabras del compañero presidente Salador Allende Gossens al pueblo chileno, Palacio de la Moneda, Santiago de Chile, 10:15 hrs. del 11 de septiembre de 1973.



A las 11:52 horas del 11 de septiembre de 1973, cuatro aviones Hawker Hunter provenientes de la base aérea de la Concepción bombardean el Palacio de la Moneda; lanzan en un lapso de 16 minutos, 8 bombas de 460 kilos y 96 cohetes de 76, 2 mm. Al interior, en el salón Independencia, el presidente de la república y depositario del gobierno de Unidad Popular, Salvador Allende encabeza la resistencia.



A las 13.30 horas, las fuerzas golpistas irrumpieron en el Palacio de la Moneda. El presidente Allende sabe ya, que una victoria es imposible, pese a ello ha decidido no retirarse. Pinochet le ha ofrecido un avión y garantías para salir del país, Allende ni siquiera lo escucha, esta consiente que claudicar ante las fuerzas golpistas significaría traicionar la resistencia futura de su pueblo. Resuelve entonces, evacuar a su estado mayor y personal de confianza: “¡Bajen todos! ¡Dejen las armas y bajen! Yo lo haré al último”. Sabe que ya no hay defensa posible, empuña su fusil –el mítico AK-47 obsequiado por el Comandante Castro- “¡Allende no se rinde, milicos de mierda!”. Se dispara [1] y muere al instante.


A las 18:00 horas de ese día, los generales golpistas ahogan los últimos focos de resistencia y asumen de facto el poder político. Se decreta la ley marcial: “a cada persona que se le sorprenda con armas o explosivos, va ser fusilado de inmediato, sin esperar juicio sumario” [2].
La Junta Militar, se otorga así misma poderes pluri-potenciales. Con ello inicia la dictadura militar que convertiría a Chile en un país de víctimas y verdugos, de desposeídos y oligarcas. De represión, descontento y polarización irreconciliable. Todo ello en medio del más profundo aislamiento internacional.

La dictadura revocó todas las instituciones democráticas, se militarizó todo; se suprimieron hasta las más mínimas libertades políticas [3], la violación a los derechos humanos fue una política de Estado y la persecución de los disidentes políticos convirtió al país en una carnicería que se prolongo por 17 años [4].

Al mismo tiempo el nivel de vida disminuyo abruptamente. Los pocos rendimientos provenientes de la reconfiguración económica del país se dilapidaron en el fortalecimiento del aparato militar y de los órganos de seguridad del Estado. La desigualdad económica se desarrollo hasta convertirse en un rasgo característico del Chile de fin de siglo. Fue con Augusto Pinochet al mando que los chilenos conocieron la carestía y el hambre [5]. El toque de queda, la extinción del derecho de libre asociación, la presencia irrestricta de las fuerzas de seguridad y, la escasez de artículos de primera necesidad, convirtieron la vida cotidiana de la sociedad chilena en un hastió permanente. Existía en general un sentimiento taciturno, casi de nostalgia. Era una sociedad gris.


Sin embargo, la dictadura construyó una realidad alterna para millones de chilenos. En ella, el gobierno de Pinochet era férreo defensor de los interese nacionales amenazados por el comunismo internacional. Se simuló un ambiente de confrontación global, que legitimará el control estatal en todos los ámbitos de la vida pública. Ello era falso, si algo existía hacia Chile en esos años era un clima de ninguneo permanente. Ante el mundo Chile era sólo un país distante y pobre, donde un sanguinario dictador gobernaba a placer.

Culturalmente el país estaba aniquilado. Toda producción artística era vigilada y en su caso censurada por el Estado. El chileno promedio se volvió ignorante y acrítico. Figuras como El chapulín colorado (un vergonzoso aporte de México al mundo) se convirtieron en líderes de opinión [6]. El exilio de muchos intelectuales empeoró el panorama.

Por otra parte, en 1978 con el conflicto de Beagle, el régimen estuvo a punto de llevar al país a una guerra, cuyos costos hubieran sido terribles [7]. Ello al disputarle a Argentina las islas del canal de Beagle. Sin embargo, ante el temor de Pinochet de que un eventual conflicto armado con el exterior, podría suscitar un levantamiento interno e incluso otro golpe de Estado, decidió retirarse y pedir la intervención papal. Años más tarde Pinochet hizo merecedor a Chile el mote de “traidor continental” al proporcionar respaldo militar a las fuerzas inglesas, a cambio de nada, durante la Guerra de las Malvinas. Un episodio de indignidad y cobardía, ya que el dictador estaba cierto de que con los ingleses a un lado, la reacción argentina no tendría mayores consecuencias.

Sin embargo, lo que se cimienta sobre rencor y muerte no puede perdurar en el tiempo. Con el paso de los años, como lo advertía Allende, la dictadura se pudrió en sí misma. Y el impulso de miles de chilenos que nunca dejaron de luchar, resistiendo incluso en las peores circunstancias de represión política; bajo la más salvaje adversidad [8], fructificó en la caída del dictador.
Gracias a ese esfuerzo patriótico, vino en Chile un periodo de descubrimiento y apertura. Es una nueva de etapa de singulares contrastes, donde se reconoce a la dictadura militar como un episodio vergonzoso en la historia contemporánea. No obstante, en esta nueva etapa, la reconciliación aún está pendiente.


A 36 años del golpe de Estado muchas cosas son todavía confusas. La falta de seriedad y la manipulación de numerosas investigaciones han impedido ejercer la justicia necesaria. Seguramente el castigo legal en contra de los responsables quedará pendiente. Muchos de ellos –como Pinochet († 2006) serán cadáveres antes de pisar una celda.

No obstante, la historia comienza a poner a cada quien en su lugar; cada vez son más los chilenos que condenan las atrocidades del régimen militar. En diferente tono y de diferente forma, la sociedad chilena en general descalifica a la dictadura. Y no son pocos los que la tildan de un gobierno fascista. Hoy en día, sólo la derecha chilena, los sectores más reaccionarios y en menor medida las fuerzas armadas –beneficiarios directos de la dictadura- la defienden tímidamente. Incluso la Iglesia, pragmática y mezquina, ha enjuiciado públicamente a Pinochet. Por otra parte, no existe ya, ninguna voz que no califique de criminal el golpe de estado del 11 de septiembre. Se le reconoce también como el eslabón definitivo de una cadena de conjuras y conspiraciones de la derecha chilena patrocinadas por la CIA, bajo el amparo de Nixon y Kissinger.

Contrariamente, la figura de Allende ha recobrado peso en una sociedad carente de símbolos. Desde la izquierda tradicional que impulsara al gobierno de Unidad Popular en 1970 y la resistencia clandestina de años posteriores, hasta los sectores moderados, han reconocido el aporte que la figura de Allende significó a la cultura democrática de aquel país. Y es ahí donde se encuentra su victoria histórica, quizá también su vendetta personal; mientras Pinochet que se mantuvo casi veinte años en el poder, al amparo del imperio más poderosos del mundo, ha quedado reducido a un general golpista, que traicionó la confianza de su presidente para convertirse en un sanguinario dictador y, que supo escurrirse de las cortes internacionales de justicia, alegando su senectud; Allende es el líder traicionado que no se rindió jamás. Es ante todo un símbolo de integridad y congruencia.


Augusto Pinochet seguramente será olvidado en poco tiempo[9]. El 2008 mientras tanto, se designó “Año de Salvador Allende” para conmemorar el centenario de su natalicio. Una gran cantidad de homenajes y festejos, sucedieron en todo el mundo en su honor. En este marco, resulta fundamental reflexionar acerca de la vigencia de su ideario político, no sólo en Chile sino en América Latina toda. Así como de su aporte a las conciencias del mundo. Después de todo Salvador Allende tenía razón: “Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse”.

Notas:
[1] Actualmente aún existen serías dudas sobre la muerte de Salvador Allende, primordialmente porque el documento final respecto a su deceso corrió a cargo de la Junta Militar, es decir; los mismos generales golpistas fueron los encargados de dictar la versión final sobre su muerte. No obstante, durante la dictadura se perdieron importantes pruebas para una versión concluyente y definitiva, por lo que hoy en día es difícil saber con certeza lo que realmente sucedió. Sin embargo, por respeto a Hortensia Bussi -su viuda- quien ha aceptado públicamente la versión del suicido se maneja ésta.
[2] Augusto Pinochet, en conversaciones secretas con la Junta Militar, 11 de septiembre de 1973.
[3] A partir de 1973 y hasta 1987 se instauró en todo el país el toque de queda permanente a de las 21.00 hrs. a las 5:00 hrs. del día siguiente. A partir de 1984, éste se inicio a las 2:00 hrs. Este y otros cambios, fueron fielmente documentados en “Cuando Chile Cambio de Golpe” documental producido por la serie televisiva Informe Especial (TVN Chile).Chile, 2003. 95 min.
[4] El Informe Rettig, documento final de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Órgano creado por el Ministerio del Interior para investigar la violación a los derechos humanos en Chile durante la dictadura) documenta un total de 3.195 víctimas mortales (no incluye a los desaparecidos) entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990.
[5] El régimen militar entrego la industria chilena a las trasnacionales norteamericanas, ello sumado a una pésima planeación económica, propicio varias rescisiones económicas. La más severa fue la crisis de 1982, donde: el PIB chileno decayó 14%, mientras el desempleo amento a más del 25%, la carestía a 26% y la inflación alcanzó 21%. Fuente: Revista del Banco Central de Chile. (cuatrimestral). No. 1070, Año XXII. Febrero de 2002.
[6] Durante la dictadura, la serie televisiva “Chespirito” se trasmitía hasta cuatro horas diarias. En una encuesta reciente, publicada por la revista Zona de Contacto –suplemente del diario derechista El Mercurio-, “El chapulín colorado” (uno de los personajes de la serie) figura entre los tres personajes más referidos por los adultos de la época, superando incluso a personajes como Melchor Bravo de Saravia, primer presidente de Chile.
[7] Con una grave deuda externa y ya sin el apoyo de Estados Unidos, Chile pudo incluso ser ocupado militarmente por Argentina. La superioridad argentina era evidente; tan sólo cuatro años después esa misma fuerza militar complicaría a los ingleses –por esos años la tercera potencia militar mundial- en su campaña por las Malvinas.
[8] Durante la dictadura tuvo lugar la llamada Operación Cóndor: una pacto político-militar entre: Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y la CIA con el objetivo de identificar, perseguir y eliminar a los opositores y disidentes políticos en Sudamérica. Dicha campaña arrojo más de 400, 000 víctimas en la región, de las cuales 100,000 fueron muertas o continúan desaparecidas.
[9] Actualmente el Partido Comunista chileno (PCCh), junto con otras fuerzas sociales del movimiento político “Juntos Podemos Más”, han propuesto ante el congreso de aquel país el derribo de placas y monumentos que exalten la figura del dictador, así como sus alusiones fascistas. Tal como sucediera en España en 2007 con la Ley de Memoria Histórica.



sábado, 30 de mayo de 2009

FES ACATLÁN: 2 DE MAYO, DOS POSTURAS


“Aunque no sepa el destino, algo está claro ya: estos y estas jóvenes, con su lucha demuestran que el poder fracasó. Que el triunfo del que se pavoneaba señalando una generación cuyas banderas eran sólo el escepticismo y el conformismo fue un espejismo. Estos y estas jóvenes estudiantes demuestran que perdieron quienes apostaron a su inmovilización y a su egoísmo.”


Sub-comandante Insurgente Marcos, al referirse sobre el movimiento estudiantil en la UNAM. 28 de abril de 1999.


Son las 7:00 de la mañana del 2 de mayo de 2007. La FES Acatlán (junto con 23 escuelas más de la UNAM[1]) ha sido tomada por estudiantes y trabajadores del plantel. La razón; una enérgica protesta en contra de la reforma a la ley orgánica del ISSSTE aprobada por el Congreso[2]. La sorpresa es mayúscula.

Del desconcierto a la confusión; de la confusión al desencanto.

Conforme avanza la mañana la inconformidad de una buena parte de la comunidad por el cierre de la escuela se hace evidente. Muchos profesores y alumnos aunque molestos comprenden que se trata de una situación delicada, ajena a sus posibilidades de intervención y deciden retirarse. Es una muestra de sentido común.

El resto, en mayor o menor grado, mantiene una postura crítica hacia la nueva ley del ISSSTE. De la expectación respetuosa a la solidaridad de facto, externan su convergencia de posiciones con la causa parista. Ello –hay que decirlo- no significa gran cosa; cualquiera que tuviera mínimas nociones de derecho entendería las aberraciones contenidas en la nueva ley.

No obstante, su discrepancia con ésta no proviene de un minucioso análisis. Ni tampoco de un ejercicio de reflexión extraordinario. Para nada. Es más bien resultado de su devenir habitual. De lo que pueden apreciar y comprender del cotidiano mundo real. Por ejemplo; de cómo –y que tanto- repercute una reforma como ésta en la economía personal; de sus implicaciones futuras; de las limitaciones presentes, de sus pros y sus contras. Eso se llama perspicacia contextual y es el pilar primario de la conciencia social (conciencia de clase, dirían algunos).

Afuera de Acatlán sin embargo, otro sector compuesto mayoritariamente por maestros y alumnos altamente exaltados, persiste en sus berrinches vociferantes. Su enojo es proporcional a su sorpresa. Se reconoce entre todos ellos a un nutrido grupo de estudiantes y maestros de la licenciatura en Derecho. Gritan y maldicen, se deshacen en insultos contra estudiantes y trabajadores en paro.

Incapaces de pensar; hilvanan ideas cada vez más entupidas, finalmente crean una obra maestra: “entrar y recuperar la escuela”. Con ello la situación se vuelve aun más delicada; las salvedades intelectuales de un abogado (o aspirante a tal) lo hacen peligroso hasta para si mismo. El ambiente se torna tenso.

Aparecen entonces varios funcionarios del plantel; Francisco Trejo –jurídico- Aída Mireles –Jefa de la división de ciencias jurídicas-, Adrián Zepeda –responsable de Vigilancia- acompañados de Amada López Tamanaja –la verdadera directora de la FES Acatlán, (con perdón de la maestra Osorio Carranza, pero los hechos hablan por si mismos). Cuestionan, advierten, señalan. Finalmente externan un ultimátum, enérgicamente piden: el retiro de las barricadas, nuestra salida del plantel y la entrega de las instalaciones. Ingenuos eso no sucedería nunca.

Ante su fracaso alientan al pequeño grupo reaccionario de Derecho a pedir “la devolución se su escuela.” La escena recuerda los momentos más crudos de Acatlán
[3].

Botón de muestra.

Pero es en medio de este momento crítico donde tiene lugar un hecho interesante. Más que un episodio peculiar es un fenómeno de referencia. Una alumna del cuarto (hoy séptimo) semestre de la carrera en Derecho del turno matutino, pretensiosa y pedante –fiel a la por todos conocida imagen de los estudiantes de esa carrera. Se dirige a los paristas. Cree saber mucho. Intenta –hasta donde su irritación lo permite- hacerles entender que son ellos quienes se equivocan. En medio de su mal disimulada molestia intenta explicar los “beneficios” de la nueva ley del ISSSTE.

Más que argumentos jurídicos reproduce la propaganda que circula en los medios. No tiene ni puta idea de lo que esta diciendo. Confunde leyes, entremezcla párrafos, cita incisos inexistentes. Desconoce incluso el fundamento legal del propio ISSSTE. Se siente descubierta. Sabe que sabemos que no sabe nada.

Arremete entonces insultando -como lo hicieron muchos de sus compañeros- a los trabajadores. Según ella, estos deben limitarse a trabajar y callarse. Realmente está enojada. Más allá de acumular descontento puede hacer muy poco. Sus argumentos se acaban, maldice y se retira. Es una imagen penosa

Repentinamente una barricada cae. Logran abrir la puerta de idiomas –resguarda por los alumnos de Ciencias Políticas. Con ello el escenario de conflicto cambia abruptamente.

Entre fricciones y desencuentros:

Sin dar tiempo al titubeo se pasa rápidamente de las fricciones a la confrontación directa. Los desencuentros se vuelven golpes.

Es una escena no deseada; censurable. En cualquier otra universidad del mundo civilizado, una escena así sería motivo de espanto, de vergüenza compartida. Sin embargo en la UNAM –el orgullo del tercer mundo- esa escena es inconcientemente comprendida. Es después de todo una álgida radiografía de lo que es la universidad de nuestro tiempo; la universidad del fin del mundo.

Ante este panorama, previsto pero no esperado, la causa parista delibera el curso de acción a seguir: se vislumbran dos alternativas. La primera una estoica resistencia. La segunda una maniobra lo suficientemente hábil para no perder las instalaciones y, al mismo tiempo evitar adentrarse en el siempre impredecible terreno del enfrentamiento inmediato.

Mesurada y funcional, la segunda alternativa fue la opción a seguir. Sí el máximo argumento de quienes querían “recuperar” Acatlán era esa colección de coloridos vituperios, era entonces cuestión de tiempo su descalabro.

Su objetivo era “recuperar” el plantel ¿y luego? Una causa como esa no tiene otro destino que morir de nada. Y fue justamente lo que sucedió. Una vez dentro de la escuela su no supieron que hacer. Sacarlos fue sólo un paso subsecuente.

El paro de labores se concretó. Y con ello se sentó un precedente.

Posturas encontradas.

En las primeras horas del jueves 3 de mayo todo volvió –aparentemente- a la normalidad. Sin embargo 24 horas fueron suficientes para arrojar reflexiones interesantes.

Quizá la más importante de ellas fue el dilucidar que en Acatlán, como en la universidad misma, coexisten dos posturas –aparentemente- irreconciliables. Dos enfoques contrapuestos del cómo y para quién debería ser ésta universidad. Más que posturas ideológicas contrarias se trata de dos perspectivas diferentes acerca de una misma interrogante ¿universidad para quién?

La primera postula una universidad al servicio de la patria, la otra una universidad al servicio del mercado.

Ambas posturas tiene agudas fallas; la primera la del resquemor permanente. La segunda la de la intolerancia perpetua. Y dentro de ésta, existe un grupo peculiar, quienes le apuestan a la construcción de una universidad very soft. .

Los auténticos decadentes.

Los auténticos decadentes son una divertida banda argentina de rock, con más de 10 discos de estudio y 22 años de trayectoria. Sin embargo es también el mote perfecto para un grupo cada vez más nutrido en esta universidad.

Se trata de lo que muchos llamaron La generación X. En su tiempo fue el prefijo para denotar a los “nuevos” jóvenes; desarrollados en medio de la revolución tecnológica de finales de siglo, despreocupados del acontecer social y distantes a una ideología concreta. Son los jóvenes que han dejado de creer. Tanto así que pregonan la decadencia de las ideas de vanguardia. Para ellos, los fundamentos teóricos son dogmas en decadencia. Sin reparar en que lo verdaderamente decadente es su falta de compromiso para con el resto del mundo.

Son esos jóvenes Los auténticos decadentes y es que con el derrumbe del socialismo y la desaparición de los símbolos de referencia juvenil colectiva, imperó en las universidades del mundo –en otro tiempo bastiones del pensamiento crítico- un sentir de banalidad del pensamiento. Ese fenómeno no fue ajeno a México y en la UNAM adquirió matices específicos.

Los grupos que durante años habían nutrido intelectualmente a la universidad nacional, poco a poco se alejaron. La mala administración y el descuido institucional reforzaron el éxodo.

Con ello los grupos periféricos de la sociedad mexicana fueron adentrándose cada vez más en la UNAM. No se trataba, sin embargo, de las familias más pobres. Por el contrario se trató de un estrato social peculiar, con un poder adquisitivo real, capaz de satisfacer sus inmediatas necesidades, pero al mismo tiempo carente de una conciencia de clase. Un bizarro grupo presente entre la clase media –de intelectuales, profesionistas y comerciantes- y los estratos más desfavorecidos.

En este nuevo grupo existe, por ejemplo, el anhelo de integrarse a la “clase media”, de alejarse del común nacional, de no pertenecer al mexicano promedio. Ello les ha sido imposible, la razón; el distanciamiento intelectual entre unos y otros. No es asunto de dinero (porque si algo hay que reconocerle a la clase media de las sociedades occidentales es su característico interés por ejercicio reflexivo) Y es ese el filtro el que los auténticos decadentes (que no son cultos) no pueden superar.

Su bagaje cultural es tardío y forzado. Su sentido crítico, por lo tanto, imposible. Muestra de ello su actitud ante el paro de labores de aquel 2 de mayo. Y es ahí donde existe una contradicción preocupante; la gran mayoría de ellos tiene los recursos y medios suficientes para acceder a Internet, comprar periódicos, publicaciones de toda índole, consultar fuentes de información alternativa. En fin, expandir sus horizontes de valoración. No obstante su principal fuente de información sigue siendo la televisión.

Los auténticos decadentes, por otra parte, suplantan su identidad presente con sus aspiraciones futuras. Es decir; no se definen como lo que son sino como lo que quisieran ser. De ahí que en algunos estudiantes de Derecho sea reconocible un –risible- sentido de superioridad que es más bien la proyección de inseguridades sociales; su posesión más notoria es una sincera preocupación por no poseer.

Y es allí donde reside la principal inquietud respecto a Los Auténticos Decadentes. Su anhelo más importante es la consolidación de un poder adquisitivo: estabilidad económica más que desarrollo intelectual. La investigación, la docencia, el aporte hacia el futuro, para ellos no es una prioridad.

Ello, sin duda, amenaza seriamente la responsabilidad histórica de esta universidad. Por que a diferencia de su falta de buen gusto –ridículo
[4], pero soportable- este afán por obtener en lugar de aportar, resulta nocivo para el resto de la comunidad y para la patria misma. Por que después de todo: ¿Qué puede aportarle a ésta universidad -y por lo tanto a la sociedad- una persona cuyo paso por una carrera es un medio para salir del paso?

Quizás el profesor del video nos pueda responder. Hasta entonces es posible concluir que; nada realmente provechoso.

El 2 de mayo de 2007 significó un precedente, cuyo mayor aporte fue demostrarle a la comunidad de la FES Acatlán que no todo está perdido, que si bien Los auténticos decadentes se han multiplicado y han ganado espacios, éstos no son –todavía- la mayoría. Y que su contraparte –los estudiantes con alta perspicacia contextual- están dispuestos a actuar en consecuencia cada vez, que la responsabilidad histórica de esta universidad se vea amenazada.


Notas:
[1] El 2 de mayo de 2007, con motivo de ésta jornada de protesta en la UNAM fueron suspendidas el 90% de las actividades. Cierres totales en las preparatorias: 1,3,5,6 y 9; los cch´s: sur, vallejo, azcapotzalco, naucalpan y oriente; las FES Acatlán y Zaragoza; toda ciudad universitaria y la Escuela Nacional de Música. El recuento completo disponible en: http://cmldf.blogspot.com/2007/05/2-de-mayo-2007se-colapsan-la-capital-y.html

[2] El 16 de marzo de 2007 fue presentada la iniciativa de reforma a la Ley del ISSSTE, ese mismo día se turno a comisiones, doce días más tarde -el 28 de marzo- con una votación de 73 votos a favor (PAN, PRI, PVEM, PANAL y Alternativa) y 28 en contra (PRD, PT y Convergencia) fue aprobado por el Senado, y ya como dictamen se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 31 de marzo. Con sólo 15 días de análisis en comisiones revisoras cuenta con graves lagunas jurídicas. Principalmente el poseer un carácter inconstitucional –al contravenir el apartado B del articulo 123 de la constitución. De ahí que el proceso de controversia jurídica ante el Poder Judicial de la Federación –a través de la Suprema Corte de Justicia- lleve ya casi 17 meses. Actualmente atraviesa por el tercer amparo respaldado por 200 mil solicitudes.

[3] Durante el movimiento 1999-2000, la entonces ENEP Acatlán fue tomada hasta en tres ocasiones por las autoridades. Todas de forma violenta, antecedidas y precedidas -sin excepción- por una batalla campal entre ambos bandos. En cada ocasión el plantel fue recuperado por los paristas. Ese clima de tensión –además de las condiciones en que se sobrevivía la huelga- le valieron el titulo de tres veces heroica y el sobrenombre de “Campo Krusty”.

[4] ¿Alguna duda? http://www.youtube.com/watch?v=zSPneUvBNAM

lunes, 20 de abril de 2009

A 10 AÑOS DEL 99



“Señor rector, si usted aprueba esa propuesta en las condiciones que plantean su asesores, entonces va a estallar la huelga estudiantil y van a valer madres su proyecto de cuotas, la universidad y su propia cabeza”

Doctor René Drucker Colín, Coordinador de Investigación Científica –Hoy director general de divulgación científica- de la UNAM, en la sesión del Consejo Universitario del 12 de marzo de 1999.

Es la noche del 20 de abril de 1999. Hace más de un mes que el Consejo Universitario aprobó unilateralmente el Reglamento General de Pagos (RGP) presentado por el Rector. Decenas de colectivos y organizaciones estudiantiles, agrupadas en la Asamblea universitaria, han expresado su inconformidad durante semanas. Rectoría no escucha. Se han agotado ya, todas las vías institucionales[1].

La Asamblea Universitaria, reunida en pleno en el auditorio Che Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras, discute esa noche la medida última para frenar el RGP. Luego de diez horas de deliberación se llega a un consenso: la conclusión de los intentos por buscar una salida dialogada al conflicto y la instauración de la huelga. La Asamblea Estudiantil Universitaria se transforma con ello en el Consejo General de Huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México (CGH-UNAM). Es así como la universidad vive –aun sin saberlo- las horas previas a los nueve meses más intensos de su historia.

Nueve años después las consecuencias de aquella eufórica asamblea estudiantil son aun palpables. Sería difícil entender a la UNAM, sin la larga noche del 20 de abril de 1999. La universidad que hoy vivimos, por la que transitamos todos los días, es consecuencia directa de los resolutivos de aquella noche.

Pero a nueve años de distancias son muchos los hechos que aun escapan a nuestra comprensión. Producto del linchamiento mediático de la prensa, de la campaña de desinformación de las autoridades universitarias, de la renuencia de algunos académicos para tocar el tema y, no en pocas ocasiones, producto del desinterés propio; el movimiento del noventa y nueve es percibido cómo un fenómeno abstracto y lejano en el tiempo

De ahí la necesidad de recuperar la memoria histórica del movimiento. De hacer una breve reflexión de su figura, de dilucidar el papel que ocupa en el mosaico ambivalente y parcial qué es la historia universitaria. Éste texto es un esfuerzo por arrebatarle al olvido –en la medida de lo posible- aquel movimiento que reconfiguro las entrañas de nuestra universidad y, muy en especial por rescatar la figura de la FES –entonces ENEP- Acatlán dentro del contexto de la huelga.

Casa tomada: Acatlán como territorio liberado.

El resolutivo de la huelga significó no sólo la transformación física de los espacios universitarios, sino la reconversión psicológica de éstos. La huelga implicó, en definitiva, un cambio de actitud de los involucrados.

En ese contexto Acatlán fue más que un lugar para pasar la huelga. Fue ante todo un territorio liberado. Liberado de la intransigencia de las autoridades y el despotismo de sus funcionarios. Liberado de la coerción institucional y la intolerancia de su aparato represivo. Pero sobre todo, liberado de la apatía y la inmovilidad de muchos de sus estudiantes.

“… La ENEP Acatlán era, antes del movimiento, una escuela más bien apática cuyos estudiantes rara vez se interesaban por cuestiones políticas. Está muy alejada de Ciudad Universitaria. Su carrera más nutrida es Derecho… otro detalle característico es que por ahí funcionaba un posgrado para judiciales, por lo que los policías entraban y salían a su anchas. Acatlán padecía también a la FEDA, un grupo de porros que tenían largo tiempo dominando la escuela…en Acatlán se exigía credencial para entrar, estaban prohibidos los mítines y no había modo de levantar una asamblea, y sin embargo una vez estallada la huelga y como para hacer más evidente el desafió a la autoridad, sorprendentemente Acatlán se convierte en ‹tierra de ultras›”
[2]

Ello se debió a que la huelga, significo en más de sentido un proceso de aprendizaje. Y como tal, conllevo profundos cambios, facilito la adquisición de conocimientos, permitió conquistar nuevas habilidades y proporciono diferentes visiones de la realidad. En más de una forma completó nuestra perspectiva sobre los problemas de la universidad y llevo hasta límites insospechados las consideraciones para su solución. Y fue precisamente esa expansión de perspectivas lo que generó las posiciones más radicales dentro del movimiento.

Al contemplar la realidad desde un plano más completo, es decir; con mayor información y con un sentido de análisis más crítico, fue posible deslumbrar la complejidad de las problemáticas universitarias. Se entendió entonces, que la transformación de esas realidades, dependía proporcionalmente de la profundidad de los cambios que se iniciaran. Se comprendió, por ejemplo, que la vincularon del CENEVAL
[3] con la UNAM no obedecía únicamente a una política de selección arbitraria, sino que iba mucho más allá y, representaba la materialización de los cánones neoliberales marcados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional respecto a la educación pública superior en los países sub-desarrollados.

Ese ejercicio de reflexión provocó en consecuencia que se contemplaran acciones contundentes, de repercusión directa y no simples especulaciones en cuanto al curso de acción. A partir de ahí se comenzaron a diferenciar dentro de la Asambleas posiciones cada vez más radicales, las motivaciones ideológicas poco a poco comenzaron a pesar. Con el paso de los días, fue posible reconocer dentro del movimiento dos grandes posturas, que pese a ser ambas disidentes y altamente participativas, se diferenciaban –cada vez en mayor medida- por su grado de compromiso con la finalidad real del movimiento: la lucha por el derecho a la educación y la defensa de su carácter público y gratuito. Surge así la dicotomía entre los ultras y moderados:
“El hecho de sentirnos rebeldes y autollamarnos ultras nos distinguió siempre de los moderados. Ellos jamás aceptaron ser llamados así. Sin embargo, nació una moda ultra y otra moderada…aquí en Acatlán… los moderados eran los bonitos los educados, nunca un mal peinado, nunca una grosería… nunca una expresión políticamente incorrecta. Mientras nosotros escuchábamos a Sekta Kore, ellos a Cher. Cuando hablamos de autogestión socialista, ellos hablaban de democracia perredista. Nosotros leíamos a los Beats y ellos a Monsiváis. Nosotros decíamos Ricardo Flores Magón y ellos Francisco I. Madero. En las asambleas cuando las cosas se ponían difíciles, nosotros gritábamos:
-Compañeros, váyanse a la verga.
Y ellos:
- Compañeros, respetuosamente, vayan y chingen a su madre.
[4]
La razón de tal división se debe en parte a que el CGH aglutino a estudiantes, trabajadores y académicos de todo signo, tal diversidad redituó, al menos en la ENEP Acatlán, en fricciones de contraposición ideológica. Es decir; se coincidía en el “qué”, pero en contadas ocasiones en el “cómo”. De ahí en adelante, el grado de rebeldía fue el parámetro que determinó la pertenencia a uno u otro grupo.

Cuando el dramatismo nos alcance: el infernal campo Krusty.

Con el paso de los meses y el desgaste interno del movimiento, en Acatlán la huelga que hasta entonces no había sido más que una palabra para designar una situación vaga y remota, se concreto en una realidad dramática.

En Acatlán, una vez alcanzado el primer objetivo de la huelga; la expulsión de la aristocracia universitaria y la recuperación de espacios, para convertirlos en territorio libre de la impostura de sus autoridades. Se inició una segunda etapa, que consistía en una fase prolongada de resistencia. Por esos días Barnés declaró: “Estoy preparado para una huelga larga"
[5] y realmente así era; las autoridades pesé a estar consientes de la gravedad del conflicto, de lo que significaba la suspensión total de las actividades en la UNAM y de las consecuencias futuras de ello, no buscaron el dialogo. Fue hasta el 11 de mayo –casi un mes después del inicio de la huelga- que se creo la Comisión de Encuentro (CE), cuyos acercamientos con el CGH fructificaron hasta el 5 de julio en los Diálogos de Minería. Acercamientos, que ésta por demás decirlo, pasaron sin pena ni gloria.

La huelga en un inicio prevista como un movimiento político vertiginoso y contundente, que catalizará la solución del conflicto, se convertía ahora en una campaña de desgaste. Lo cuál suponía un reto mayúsculo. En Ciudad Universitaria y otros planteles periféricos como el CCH Sur o la Preparatoria 1 la huelga ofrecía relativas comodidades. En otras escuelas el mantener la huelga significaba una colección de pequeñas hazañas cotidianas. En el caso de Acatlán, el movimiento reclamó esfuerzos cada vez mayores:

En la ENEP Acatlán, una escuela que está lejísimos de CU, los intentos por sacar a los huelguistas y posesionarse de las instalaciones se repiten hasta por tres veces. La ultima ya en el 2000. Las “tomas de Acatlán” han pasado a la memoria de los huelguistas como acciones decididísimas….

El 6 de octubre tiene lugar, una vez más, un intento por recuperar las instalaciones, encabezados por el entonces director José Núñez, porros de la FEDA y de los CCH Naucalpan y Azacpotzalco ingresaron a Acatlán. Pero a diferencia de los intentos anteriores, esta vez lograron ocupar las instalaciones. El CGH, se reagrupó, organizó una contraofensiva y horas después las recuperó, pero hechos como ese, eran sintomáticos de la situación que guardaba ya en el movimiento.

La Asamblea Universitaria de Acatlán, que en un inicio fue un sofisticado sistema de representación, donde se intentó el ejercicio de la democracia directa, se transformo poco a poco en el tribunal de las gargantas, donde las descalificaciones y los insultos en poco ayudaban al movimiento. Llegaron a existir asambleas de 24 horas ininterrumpidas. La indisciplina y el cansancio en las filas huelguista crecía y perneaba en las condiciones en que se sobrevivía la huelga. Se descuidaron comisiones básicas que brindaban comodidades importantes. Acatlán era más que nunca “El campo Krusty”.

Huelga total: confrontación total.


Con el paso de los meses el desgaste de ambas partes era evidente. El hastió generalizado hacia la universidad había crecido paulatinamente hasta convertirse en un lugar común. Para noviembre de 1999, ya no sólo llovían descalificaciones sobre el CGH y su movimiento, sino también sobre Rectoría y su desinterés. La situación era alarmante.
Bárnes, decidió hacer ajustes y el relevo de funcionarios se hizo común. Entre mayo y noviembre el 50% de los funcionarios de la UNAM fue cesado o presentó su renuncia ante el Consejo Universitario
[6].

Mientras la huelga continuaba cortando cabezas, la estrategia de Rectoría comenzó a ser errática. Un día, disposición total a discutir los seis puntos del pliego petitorio. Al otro, descalificación total hacía el CGH. Por su parte el movimiento también se tambaleaba. Un día, aceptación a dialogar con los eméritos. Al otro, toma de institutos y centros de investigación. Y en medio de todo eso el acosó de los medios y del gobierno Zedillista.

Mientras tanto la credibilidad de Rectoría iba en caída libre. Incluso los que fueran sus incondicionales aliados, como Alberto Fernández presidente de la Coparmex, alzaron la voz: “Pienso que sería preferible becar a los jóvenes estudiantes para que realicen sus estudios en el extranjero que mantener abierta la UNAM…”
[7] La situación de Bárnes era desespérante, era –tal como lo previo el Dr. Drucker Colín- incapaz de salvar su propia cabeza; la Junta de Gobierno le pidió su renuncia, la presentó el 13 de noviembre.

Sin embargo con la llegada de De la Fuente se dieron los primeros pasos para la represión del movimiento. El desconocimiento por parte de Rectoría del CGH, como órgano legítimo de interlocución, abrió el camino al uso de la fuerza pública, el rompimiento de la huelga, la encarcelación de 733 activistas y la inconclusión de los diálogos para la Reforma Universitaria
[8]. Diálogos, que por cierto, han sido postergados por nueve años.

Al final del viaje.


Inesperada, desconcertante, irreverente, apasionante, por momentos paradójica y mil veces insultada; la huelga de 1999 sigue pesando en el inconciente colectivo de ésta universidad. Las consecuencias de la huelga son, como la huelga misma, una multitud de confusiones, donde hasta la claridad más básica se vuelve subjetiva. La imagen del CGH no fue nunca absoluta. Forajidos irracionales para algunos; héroes universitarios para otros. La realidad es –como siempre pasa- mucho más complicada que eso. Pero en medio de todo ello una cosa es clara; resultaría imposible concebir a la universidad de hoy sin las transformaciones propiciadas por ese movimiento.

Por ejemplo; sería difícil que esfuerzos tan importantes como el programa México nación multicultural, que pondera la importancia de la diversidad étnica y su vinculación en la vida universitaria, tuvieran lugar dentro de la UNAM. En el mismo sentido, la concientización de gran parte de la comunidad, respecto a la significancía social de la universidad y la estrecha relación que debe guardar ésta con los grupos más desprotegidos, hubiesen sido imposibles sin el precedente que significó la huelga.

Por otra parte, la participación estudiantil en la vida política de la universidad se acrecentó a partir de 1999, conquistando espacios hasta entonces vedados a los grupos de izquierda. Muchos de los lugares en los consejos técnicos por ejemplo, estaban reservados para las huestes estudiantiles de las autoridades
[9]. Con el tiempo esa situación ha cambiado y si bien la participación de muchos universitarios es todavía menor, hay ya avances en la influencia de las fuerzas de izquierda a nivel institucional. Recordemos tan sólo lo sucedido a principios del marzo de éste año en la preparatoria 2, donde la comunidad depuso a la ilegitima directora; Cecilia Verduzco.

Como vemos no se trata simplemente de la politización de la comunidad, sino más bien de un proceso de concientización a partir del cuál es posible reflexionar respecto de la responsabilidad histórica de nosotros como universitarios y de la universidad misma para con la nación.

Otra victoria del CGH es que hoy la mayoría de la comunidad entiende que el gastado argumento de la necesidad de incrementar las cuotas en la UNAM, no aguanta ningún análisis más o menos serio. Se sabe que éstas no representan una aportación significativa al presupuesto universitario. En 1999 su aprobación hubiera significado sólo el 0.78% y hoy no llegaría siquiera al o.75%
[10]. Se sabe también que para que éstas rebasen el 5% -lo cuál no deja de ser insignificante con relación al presupuesto- tendrían que tasarse entre 12, 000 y 13, 000 pesos las contribuciones anuales por alumno dependiendo del índice de inflación.

Sin embargo, los efectos más importantes de la huelga rebasan por mucho el plano institucional. Las consecuencias de la huelga repercutieron más hondamente en los universitarios, que en la universidad misma. Muchos de los proyectos de disidencia contra-sistémica en la UNAM, son derivados directos de aquel movimiento primario que significo la huelga. Claro ejemplo de ello son: La Ke-Huelga Radio, un proyecto autogestivo de información y propaganda del movimiento estudiantil y Radio Pacheco –hoy Regeneración Radio- un espacio de reflexión, crítica y análisis político de coyuntura dentro del CCH Vallejo, que a pesar de todos los obstáculos que las autoridades le han impuesto continua realizando su labor.

El proyecto Okupa del Auditorio Che Guevara en CU, cuyo objetivo es la difusión de los distintos movimientos sociales en México y el mundo, así como el apoyo y la solidaridad en la realización de eventos políticos y culturales con otras luchas sociales. Aunado a lo anterior y derivado también de la huelga es la recuperación de los espacios comunes, cómo la preservación de los cubículos estudiantiles en cada uno de los planteles de la UNAM, cuyo fin es la convergencia de distintas corrientes en lucha al interior de la universidad, mediante el dialogo y el reconocimiento mutuo.

En otro orden de ideas, los movimientos anti –porros, literalmente campañas contra los grupos de choque dentro de la UNAM –como sucedió hace un par de años en la prepa 5 y CCH Naucalpan y hace algunos meses en las prepa 9. Del mismo modo el movimiento de huelga incentivo la organización estudiantil en todos los niveles, a través de; asambleas, cooperativas, colectivos, círculos de estudio, grupos de autodefensa –anti-porros- planillas con participación electoral, así como un gran numero de organizaciones

Es así como la huelga no sólo signo a una generación universitaria (la ahora llamada generación del noventa y nueve
[11] sino que marcó anteladamente a posteriores universitarios.

Notas:
[1] El Reglamento General de Pagos es aprobado por el 15 de marzo. El documento completo está disponible en; Gaceta UNAM, del jueves 18 de abril de 1999.
[2] Rosas, María. “Plebeyas Batallas. La huelga en la universidad” . Ed. Era. México 2001. p. 75
[3] El Centro Nacional de Evaluación, CENEVAL “Una empresa para su empresa” es una institución a la que pertenecían funcionarios de la Universidad iberoamericana, el Tec de Monterrey y de la que el Rector Barnés formaba parte en esos años. para profundizar sobre el tema véase: La huelga X: UNAM, memoria del caos. .CUEC-UNAM y Canal Seis de Julio, México 1999.
[4] En, Ramírez, Arturo. “Palabra de CGH” Ed. El milenio. México, 2000 p.53
[5] Véase; Revista Proceso Núm.1173. México. Primera semana de mayo de 1999

[6] Véase; Revista Proceso Núm.1202. México. Segunda semana de Noviembre de 1999
[7] “La UNAM en el límite”, Reforma, México, viernes 3 de septiembre de 1999. p. 6.
[8] Véase: “UNAM: Las razones de la fuerza”. Canal Seis de Julio. México 2000. posiblemente el documental más completo sobre la intervención de la PFP en Cuidad Universitaria.
[9] Ordorika, Imanol, “La disputa por el campus. Poder, política y autonomia en la UNAM” Centro de Estudios sobre la Universidad y Ed. Plaza y Valdéz, México, 2006
[10] Vease: presupuesto el de la UNAM, para el ejercicio 2008-20009
[11] El termino Generación del Noventa y Nueve o G99, se refiere a los universitarios que fueron participes de la huelga y que con base en esa experiencia nutrieron posteriormente al movimiento social en general. Son pues, los cuadros que el CGH forjó. Su leyenda más socorrida reza: “yo sobreviví a la huelga del noventa y nueve”