
“Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.
Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen... ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos (…) Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!”
Ultimas palabras del compañero presidente Salador Allende Gossens al pueblo chileno, Palacio de la Moneda, Santiago de Chile, 10:15 hrs. del 11 de septiembre de 1973.
A las 11:52 horas del 11 de septiembre de 1973, cuatro aviones Hawker Hunter provenientes de la base aérea de la Concepción bombardean el Palacio de la Moneda; lanzan en un lapso de 16 minutos, 8 bombas de 460 kilos y 96 cohetes de 76, 2 mm. Al interior, en el salón Independencia, el presidente de la república y depositario del gobierno de Unidad Popular, Salvador Allende encabeza la resistencia.
A las 13.30 horas, las fuerzas golpistas irrumpieron en el Palacio de la Moneda. El presidente Allende sabe ya, que una victoria es imposible, pese a ello ha decidido no retirarse. Pinochet le ha ofrecido un avión y garantías para salir del país, Allende ni siquiera lo escucha, esta consiente que claudicar ante las fuerzas golpistas significaría traicionar la resistencia futura de su pueblo. Resuelve entonces, evacuar a su estado mayor y personal de confianza: “¡Bajen todos! ¡Dejen las armas y bajen! Yo lo haré al último”. Sabe que ya no hay defensa posible, empuña su fusil –el mítico AK-47 obsequiado por el Comandante Castro- “¡Allende no se rinde, milicos de mierda!”. Se dispara [1] y muere al instante.
A las 18:00 horas de ese día, los generales golpistas ahogan los últimos focos de resistencia y asumen de facto el poder político. Se decreta la ley marcial: “a cada persona que se le sorprenda con armas o explosivos, va ser fusilado de inmediato, sin esperar juicio sumario” [2].
La Junta Militar, se otorga así misma poderes pluri-potenciales. Con ello inicia la dictadura militar que convertiría a Chile en un país de víctimas y verdugos, de desposeídos y oligarcas. De represión, descontento y polarización irreconciliable. Todo ello en medio del más profundo aislamiento internacional.
La dictadura revocó todas las instituciones democráticas, se militarizó todo; se suprimieron hasta las más mínimas libertades políticas [3], la violación a los derechos humanos fue una política de Estado y la persecución de los disidentes políticos convirtió al país en una carnicería que se prolongo por 17 años [4].
Al mismo tiempo el nivel de vida disminuyo abruptamente. Los pocos rendimientos provenientes de la reconfiguración económica del país se dilapidaron en el fortalecimiento del aparato militar y de los órganos de seguridad del Estado. La desigualdad económica se desarrollo hasta convertirse en un rasgo característico del Chile de fin de siglo. Fue con Augusto Pinochet al mando que los chilenos conocieron la carestía y el hambre [5]. El toque de queda, la extinción del derecho de libre asociación, la presencia irrestricta de las fuerzas de seguridad y, la escasez de artículos de primera necesidad, convirtieron la vida cotidiana de la sociedad chilena en un hastió permanente. Existía en general un sentimiento taciturno, casi de nostalgia. Era una sociedad gris.
Sin embargo, la dictadura construyó una realidad alterna para millones de chilenos. En ella, el gobierno de Pinochet era férreo defensor de los interese nacionales amenazados por el comunismo internacional. Se simuló un ambiente de confrontación global, que legitimará el control estatal en todos los ámbitos de la vida pública. Ello era falso, si algo existía hacia Chile en esos años era un clima de ninguneo permanente. Ante el mundo Chile era sólo un país distante y pobre, donde un sanguinario dictador gobernaba a placer.
Culturalmente el país estaba aniquilado. Toda producción artística era vigilada y en su caso censurada por el Estado. El chileno promedio se volvió ignorante y acrítico. Figuras como El chapulín colorado (un vergonzoso aporte de México al mundo) se convirtieron en líderes de opinión [6]. El exilio de muchos intelectuales empeoró el panorama.
Por otra parte, en 1978 con el conflicto de Beagle, el régimen estuvo a punto de llevar al país a una guerra, cuyos costos hubieran sido terribles [7]. Ello al disputarle a Argentina las islas del canal de Beagle. Sin embargo, ante el temor de Pinochet de que un eventual conflicto armado con el exterior, podría suscitar un levantamiento interno e incluso otro golpe de Estado, decidió retirarse y pedir la intervención papal. Años más tarde Pinochet hizo merecedor a Chile el mote de “traidor continental” al proporcionar respaldo militar a las fuerzas inglesas, a cambio de nada, durante la Guerra de las Malvinas. Un episodio de indignidad y cobardía, ya que el dictador estaba cierto de que con los ingleses a un lado, la reacción argentina no tendría mayores consecuencias.
Sin embargo, lo que se cimienta sobre rencor y muerte no puede perdurar en el tiempo. Con el paso de los años, como lo advertía Allende, la dictadura se pudrió en sí misma. Y el impulso de miles de chilenos que nunca dejaron de luchar, resistiendo incluso en las peores circunstancias de represión política; bajo la más salvaje adversidad [8], fructificó en la caída del dictador.
Gracias a ese esfuerzo patriótico, vino en Chile un periodo de descubrimiento y apertura. Es una nueva de etapa de singulares contrastes, donde se reconoce a la dictadura militar como un episodio vergonzoso en la historia contemporánea. No obstante, en esta nueva etapa, la reconciliación aún está pendiente.
Gracias a ese esfuerzo patriótico, vino en Chile un periodo de descubrimiento y apertura. Es una nueva de etapa de singulares contrastes, donde se reconoce a la dictadura militar como un episodio vergonzoso en la historia contemporánea. No obstante, en esta nueva etapa, la reconciliación aún está pendiente.
A 36 años del golpe de Estado muchas cosas son todavía confusas. La falta de seriedad y la manipulación de numerosas investigaciones han impedido ejercer la justicia necesaria. Seguramente el castigo legal en contra de los responsables quedará pendiente. Muchos de ellos –como Pinochet († 2006) serán cadáveres antes de pisar una celda.
No obstante, la historia comienza a poner a cada quien en su lugar; cada vez son más los chilenos que condenan las atrocidades del régimen militar. En diferente tono y de diferente forma, la sociedad chilena en general descalifica a la dictadura. Y no son pocos los que la tildan de un gobierno fascista. Hoy en día, sólo la derecha chilena, los sectores más reaccionarios y en menor medida las fuerzas armadas –beneficiarios directos de la dictadura- la defienden tímidamente. Incluso la Iglesia, pragmática y mezquina, ha enjuiciado públicamente a Pinochet. Por otra parte, no existe ya, ninguna voz que no califique de criminal el golpe de estado del 11 de septiembre. Se le reconoce también como el eslabón definitivo de una cadena de conjuras y conspiraciones de la derecha chilena patrocinadas por la CIA, bajo el amparo de Nixon y Kissinger.
Contrariamente, la figura de Allende ha recobrado peso en una sociedad carente de símbolos. Desde la izquierda tradicional que impulsara al gobierno de Unidad Popular en 1970 y la resistencia clandestina de años posteriores, hasta los sectores moderados, han reconocido el aporte que la figura de Allende significó a la cultura democrática de aquel país. Y es ahí donde se encuentra su victoria histórica, quizá también su vendetta personal; mientras Pinochet que se mantuvo casi veinte años en el poder, al amparo del imperio más poderosos del mundo, ha quedado reducido a un general golpista, que traicionó la confianza de su presidente para convertirse en un sanguinario dictador y, que supo escurrirse de las cortes internacionales de justicia, alegando su senectud; Allende es el líder traicionado que no se rindió jamás. Es ante todo un símbolo de integridad y congruencia.
Augusto Pinochet seguramente será olvidado en poco tiempo[9]. El 2008 mientras tanto, se designó “Año de Salvador Allende” para conmemorar el centenario de su natalicio. Una gran cantidad de homenajes y festejos, sucedieron en todo el mundo en su honor. En este marco, resulta fundamental reflexionar acerca de la vigencia de su ideario político, no sólo en Chile sino en América Latina toda. Así como de su aporte a las conciencias del mundo. Después de todo Salvador Allende tenía razón: “Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse”.
Notas:
[1] Actualmente aún existen serías dudas sobre la muerte de Salvador Allende, primordialmente porque el documento final respecto a su deceso corrió a cargo de la Junta Militar, es decir; los mismos generales golpistas fueron los encargados de dictar la versión final sobre su muerte. No obstante, durante la dictadura se perdieron importantes pruebas para una versión concluyente y definitiva, por lo que hoy en día es difícil saber con certeza lo que realmente sucedió. Sin embargo, por respeto a Hortensia Bussi -su viuda- quien ha aceptado públicamente la versión del suicido se maneja ésta.
[2] Augusto Pinochet, en conversaciones secretas con la Junta Militar, 11 de septiembre de 1973.
[3] A partir de 1973 y hasta 1987 se instauró en todo el país el toque de queda permanente a de las 21.00 hrs. a las 5:00 hrs. del día siguiente. A partir de 1984, éste se inicio a las 2:00 hrs. Este y otros cambios, fueron fielmente documentados en “Cuando Chile Cambio de Golpe” documental producido por la serie televisiva Informe Especial (TVN Chile).Chile, 2003. 95 min.
[4] El Informe Rettig, documento final de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Órgano creado por el Ministerio del Interior para investigar la violación a los derechos humanos en Chile durante la dictadura) documenta un total de 3.195 víctimas mortales (no incluye a los desaparecidos) entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990.
[5] El régimen militar entrego la industria chilena a las trasnacionales norteamericanas, ello sumado a una pésima planeación económica, propicio varias rescisiones económicas. La más severa fue la crisis de 1982, donde: el PIB chileno decayó 14%, mientras el desempleo amento a más del 25%, la carestía a 26% y la inflación alcanzó 21%. Fuente: Revista del Banco Central de Chile. (cuatrimestral). No. 1070, Año XXII. Febrero de 2002.
[6] Durante la dictadura, la serie televisiva “Chespirito” se trasmitía hasta cuatro horas diarias. En una encuesta reciente, publicada por la revista Zona de Contacto –suplemente del diario derechista El Mercurio-, “El chapulín colorado” (uno de los personajes de la serie) figura entre los tres personajes más referidos por los adultos de la época, superando incluso a personajes como Melchor Bravo de Saravia, primer presidente de Chile.
[7] Con una grave deuda externa y ya sin el apoyo de Estados Unidos, Chile pudo incluso ser ocupado militarmente por Argentina. La superioridad argentina era evidente; tan sólo cuatro años después esa misma fuerza militar complicaría a los ingleses –por esos años la tercera potencia militar mundial- en su campaña por las Malvinas.
[8] Durante la dictadura tuvo lugar la llamada Operación Cóndor: una pacto político-militar entre: Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y la CIA con el objetivo de identificar, perseguir y eliminar a los opositores y disidentes políticos en Sudamérica. Dicha campaña arrojo más de 400, 000 víctimas en la región, de las cuales 100,000 fueron muertas o continúan desaparecidas.
[9] Actualmente el Partido Comunista chileno (PCCh), junto con otras fuerzas sociales del movimiento político “Juntos Podemos Más”, han propuesto ante el congreso de aquel país el derribo de placas y monumentos que exalten la figura del dictador, así como sus alusiones fascistas. Tal como sucediera en España en 2007 con la Ley de Memoria Histórica.
[1] Actualmente aún existen serías dudas sobre la muerte de Salvador Allende, primordialmente porque el documento final respecto a su deceso corrió a cargo de la Junta Militar, es decir; los mismos generales golpistas fueron los encargados de dictar la versión final sobre su muerte. No obstante, durante la dictadura se perdieron importantes pruebas para una versión concluyente y definitiva, por lo que hoy en día es difícil saber con certeza lo que realmente sucedió. Sin embargo, por respeto a Hortensia Bussi -su viuda- quien ha aceptado públicamente la versión del suicido se maneja ésta.
[2] Augusto Pinochet, en conversaciones secretas con la Junta Militar, 11 de septiembre de 1973.
[3] A partir de 1973 y hasta 1987 se instauró en todo el país el toque de queda permanente a de las 21.00 hrs. a las 5:00 hrs. del día siguiente. A partir de 1984, éste se inicio a las 2:00 hrs. Este y otros cambios, fueron fielmente documentados en “Cuando Chile Cambio de Golpe” documental producido por la serie televisiva Informe Especial (TVN Chile).Chile, 2003. 95 min.
[4] El Informe Rettig, documento final de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Órgano creado por el Ministerio del Interior para investigar la violación a los derechos humanos en Chile durante la dictadura) documenta un total de 3.195 víctimas mortales (no incluye a los desaparecidos) entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990.
[5] El régimen militar entrego la industria chilena a las trasnacionales norteamericanas, ello sumado a una pésima planeación económica, propicio varias rescisiones económicas. La más severa fue la crisis de 1982, donde: el PIB chileno decayó 14%, mientras el desempleo amento a más del 25%, la carestía a 26% y la inflación alcanzó 21%. Fuente: Revista del Banco Central de Chile. (cuatrimestral). No. 1070, Año XXII. Febrero de 2002.
[6] Durante la dictadura, la serie televisiva “Chespirito” se trasmitía hasta cuatro horas diarias. En una encuesta reciente, publicada por la revista Zona de Contacto –suplemente del diario derechista El Mercurio-, “El chapulín colorado” (uno de los personajes de la serie) figura entre los tres personajes más referidos por los adultos de la época, superando incluso a personajes como Melchor Bravo de Saravia, primer presidente de Chile.
[7] Con una grave deuda externa y ya sin el apoyo de Estados Unidos, Chile pudo incluso ser ocupado militarmente por Argentina. La superioridad argentina era evidente; tan sólo cuatro años después esa misma fuerza militar complicaría a los ingleses –por esos años la tercera potencia militar mundial- en su campaña por las Malvinas.
[8] Durante la dictadura tuvo lugar la llamada Operación Cóndor: una pacto político-militar entre: Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y la CIA con el objetivo de identificar, perseguir y eliminar a los opositores y disidentes políticos en Sudamérica. Dicha campaña arrojo más de 400, 000 víctimas en la región, de las cuales 100,000 fueron muertas o continúan desaparecidas.
[9] Actualmente el Partido Comunista chileno (PCCh), junto con otras fuerzas sociales del movimiento político “Juntos Podemos Más”, han propuesto ante el congreso de aquel país el derribo de placas y monumentos que exalten la figura del dictador, así como sus alusiones fascistas. Tal como sucediera en España en 2007 con la Ley de Memoria Histórica.


